Bajo el cerezo

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Te escribo esta carta quizá como ultimo recurso. Quizá con la esperanza de que por lo menos así mis sentimientos puedan llegar a tu cabeza y no se queden en tu piel, de que entiendas lo que tengo que decirte y dejes un momento tus muñecas para prestarme atención a través de las letras.

Perdóname por lo de ayer, perdóname por haberte golpeado y destrozado tu cocina, lo siento mucho, pero tampoco debiste haberle contado a mi madre, te odio por eso, por que no eres capaz de solucionar las cosas conmigo, hablarme de frente, ponerme atención . Tan solo llegue allí y te encontré con Alfredo sentado en mi lugar frente a la estufa y cuando quise hacerte el reclamo seguiste en lo tuyo como si nada hubiera pasado, me enfurecí y lo arruine todo.

Pero todo esto es porque te amo, porque eres la única mujer a la que he amado, lo sé aunque tal vez pienses que no te conozco mucho, yo prefiero pensar en que te conozco lo suficiente y lo supe desde aquel día que nos conocimos, hace tiempo ya, en la colina, ese atardecer al pie del cerezo cuando te empujaba en el columpio. Y tu, tan hermosa, tan calida, tan especial, solo sonreías pero eso me bastaba para ser feliz mi querida Anastasia, solo eso y solo quiero que me comprendas, que tu indiferencia me mata, pero quiero que seamos felices es por esto que quiero arreglar las cosas antes de irme esta noche, quiero verte en la colina del cerezo esta tarde a las 6, por favor…te estaré esperando. 

Te ama…

Pedro

Anastasia acabó de leer la carta y las lagrimas brotaron de sus ojos acompañadas de un sollozo ahogado dejándose caer al suelo desconsolada. Su hermana quien le había acabado de entregar la carta se arrodilló junto a ella y movió sus manos  frente a sus ojos y le dijo marcando sus palabras con el movimiento de sus labios:

-La empresa de correo perdió la carta, y la encontró ayer, pero ya han pasado 20 años…Pedro no debió haber puesto la carta en el buzón del barrio, pero no puedo culparlo, igual para entonces éramos unos niños de tan solo 7 años y al parecer, nunca supo que no puedes escuchar o pronunciar palabras. Lo siento Ana.

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~ por Tomateo en enero 7, 2008.

2 comentarios to “Bajo el cerezo”

  1. uy parce…
    muy bueno, el final inesperado, la historia lo amarra a uno y lo tiene todo el tiempo.

  2. Mi corazón casi explota al comenzar a leer “pero ya han pasado 20 años…” será posible que el pasado regrese de esa forma? será posible que el pasado nunca muera, y siempre regrese como solo el sabe…?

    Mateo que buen escrito, en serio que me le quito el sombrero cuando lo compre… bien¡¡

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